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Si has gozado alguna vez
de la pintura
con el Alma niña
y los ojos asombrados,
con el numen feliz
y encandilado,
y -sobre todo- con las manos puras...
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Aunque estalle en la montaña
cual crisol,
vertiendo sus últimos destellos,
verás madurar racimos bellos...
verás entre las vides que se funde el sol.
No creas que acaso la locura
arrebató tus ojos y confundió colores.
Estos cuadros son vivos, son dolores
y alegrías mezcladas con dulzura.
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